Ley organica de la Univerisdad Nacional Autonoma de Mexico

 Ley orgánica de la UNAM (1945)

El conflicto por el que atraviesa la Universidad Nacional Autónoma de México desde el 20 de abril pasado, cuando el Consejo General de Huelga interrumpió las actividades docentes de la institución, representa ya la suspensión de clases más prolongada de su historia, que por lo demás dista mucho de haber sido tranquila. La historia de los 89 años que tiene la Universidad Nacional, desde su reapertura durante los festejos por el Centenario del inicio de la Guerra de Independencia, es demasiado larga y llena de acontecimientos importantes para la historia del país como para pretender reseñarla en unas cuantas líneas. Sin embargo, en un ambiente cargado de especulaciones acerca del futuro de la Universidad, conviene recordar tres momentos estelares en la historia de la UNAM porque definieron arreglos institucionales internos y con el Estado mexicano. Estas tres coyunturas tan especiales son las que dieron lugar a la Ley de Autonomía Universitaria de 1929 y a las leyes orgánicas de 1933 y 1945.

Las relaciones entre el Estado mexicano y su Universidad Nacional han sido complejas y desde la reapertura de la misma, en 1910, han estado marcadas por la ambigüedad. Nació como la última gran fundación institucional del gobierno de Porfirio Díaz, a tan sólo ocho meses de la renuncia del presidente que auspició su apertura por iniciativa de su secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Justo Sierra. Los gobiernos revolucionarios vieron con desconfianza a la aristocrática institución; durante su primera década de vida luchó desesperadamente por sobrevivir al derrumbe del Porfiriato. Durante el periodo de José Vasconcelos, primero como rector y después como secretario de Educación, hubo algunos conflictos que se agravaron por la negativa del secretario a que se le concediera la autonomía a la Universidad. En 1925 se inició un nuevo conflicto entre el Estado y la Universidad cuando el presidente Calles aprobó la creación de un nuevo nivel educativo de tres años inmediatamente posterior a la primaria, que desde entonces se denomina educación secundaria, que implicaba restarle esos tres años al bachillerato y, por consiguiente, a la Escuela Nacional Preparatoria de la Universidad. Un segundo conflicto importante entre la Universidad y la SEP fue el relativo a la formación de profesores para este nuevo nivel educativo, que se resolvió con la salida de la Escuela Normal Superior de la Universidad y su transferencia a la SEP en medio de fuertes protestas de los universitarios.

Estos son los antecedentes inmediatos del conflicto estudiantil de 1929, que se inició como una protesta de los alumnos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales por la designación de su director y por la modificación del sistema de evaluación, y de los alumnos de la Preparatoria por una reforma de su plan de estudios. Después de que fracasaron las negociaciones con los estudiantes inconformes conducidas por el secretario general de la Universidad, Daniel Cosío Villegas, estalló la huelga a principios de mayo. Las autoridades federales reaccionaron inicialmente con un aparente desinterés y el secretario de Educación, Ezequiel Padilla, declaró que la SEP estaba más interesada “en atender a las escuelas rurales que a las profesionales, cuya educación es de carácter eminentemente privado”. Pero el incremento de las protestas estudiantiles y de los enfrentamientos entre los manifestantes y la fuerza pública llevaron al gobierno federal a cambiar su posición, ante la cercanía de las elecciones presidenciales y la simpatía que despertaba la candidatura de Vasconcelos entre algunos sectores de la Universidad.
Para evitar que Vasconcelos aprovechara el conflicto estudiantil a su favor, el presidente Portes Gil decidió satisfacer el pliego petitorio de los estudiantes, que se había ampliado para incluir la renuncia del rector y otros funcionarios federales. A fines de mayo los estudiantes dirigieron al presidente de la República un memorial en el que solicitaban la autonomía universitaria y organizaron una marcha el día 28 de ese mes. Ese día, Portes Gil salió al balcón central del Palacio Nacional y anunció que había decidido conceder la autonomía a la Universidad Nacional. La huelga estudiantil se levantó el 13 de junio y la Ley Orgánica de la Universidad fue publicada el 26 de julio.

La Ley de 1929 establecía que el Consejo Universitario sería la máxima autoridad de la Universidad y estaría integrado por directores, profesores y estudiantes, que entre otras muchas atribuciones se encargarían de integrar las ternas para que el presidente designara al rector y a los directores de escuelas y facultades. Sobre las razones que animaron a las autoridades federales a obrar de esta manera se especuló mucho en su momento, y aún hoy no son del todo claras. En los considerandos de la propia Ley podemos encontrar una probable respuesta, cuando se señalaba que, después de haber adquirido su autonomía, la Universidad tendría que convertirse con el transcurso del tiempo en una institución privada. Sin embargo, el presidente de la República siguió gozando de importantes atribuciones en el gobierno interno de la Universidad, pues además de la designación del rector y los directores de facultades y escuelas a partir de las ternas integradas por el Consejo Universitario, conservó la facultad de vetar algunas decisiones del propio Consejo.

En 1933 la Universidad enfrentó un severo conflicto, provocado por la oposición entre los promotores de la educación socialista y los defensores de la libertad de cátedra. Como resultado de las protestas de éstos últimos, en septiembre de ese año fueron obligados a renunciar el rector Roberto Medellín y el director de la Escuela Nacional Preparatoria, Vicente Lombardo Toledano. El gobierno reaccionó con evidente disgusto por estar detrás de los que pedían la educación socialista. El secretario de Educación Pública, Narciso Bassols, fue el artífice de una nueva ley que en su exposición de motivos enunciaba como su principal propósito el de otorgar a la Universidad la autonomía absoluta, pero a cambio de varias restricciones y limitaciones para el desarrollo futuro de la Universidad. Para comenzar, le fue retirado su carácter nacional y el subsidio anual que le otorgaba el gobierno. A cambio se estableció una suma fija de diez millones de pesos, cuyos intereses anuales eran claramente insuficientes para cubrir el presupuesto universitario. La máxima autoridad siguió siendo el Consejo Universitario, pero ahora las ternas para la designación de directores le serían presentadas por las Academias Mixtas de profesores y alumnos, que también fungirían como órganos colegiados de gobierno dentro de las facultades y escuelas.

La Ley de 1933, también conocida como Ley Bassols, provocó numerosos problemas dentro de la Universidad porque la integración de las ternas para elegir directores de facultades y escuelas quedó a cargo de las academias de estudiantes y profesores y la designación final pasó a ser atribución del Consejo Universitario. Pero el conflicto más grave tuvo lugar en 1935, cuando el enfrentamiento entre el rector Fernando Ocaranza y el presidente Lázaro Cárdenas desembocó en la suspensión de actividades de la Universidad en septiembre de ese año. Esta inusitada decisión tuvo su origen en las penurias económicas por las que atravesaba la institución a partir de la aprobación de la Ley Bassols. El 10 de septiembre de 1935 el Consejo Universitario ordenó la suspensión de actividades de la Universidad por carecer de los elementos indispensables para continuarlas, incluidos los de orden económico. El presidente Cárdenas respondió que si el gobierno federal asumía toda la responsabilidad en el sostenimiento de la Universidad, demandaría también mayor injerencia en su administración y limitaría su autonomía. El presidente estuvo a punto de expedir una nueva ley, pero la renuncia de Ocaranza y la elección de Luis Chico Goerne permitieron tender puentes entre el gobierno y las autoridades universitarias y la crisis pudo ser superada.

La elección de autoridades conforme a la ley de 1933 siguió siendo fuente de constantes problemas. En 1944 el rector Rodulfo Brito Foucher enfrentó un severo conflicto que tuvo su origen en la rebeldía de los estudiantes de la Escuela de Medicina Veterinaria ante la reelección de su director por parte del Consejo Universitario. En los disturbios que provocaron los estudiantes inconformes, un estudiante de Veterinaria fue abatido a balazos y el rector presentó su renuncia. A continuación los opositores a Brito integraron un Directorio para que gobernara la Universidad y desconocieron al Consejo Universitario. La situación se complicó cuando el Directorio llamó a la comunidad a elegir un Consejo Universitario Constituyente y a principios de agosto de 1944 la Universidad tuvo dos consejos, que procedieron cada uno a elegir su propio rector. El presidente Manuel Ávila Camacho, que había estado pendiente de la evolución de los acontecimientos, decidió intervenir y actuó como mediador. La solución que propuso el presidente fue aceptada por ambas partes y consistía en que los dos rectores renunciaran y una junta de ex rectores se hiciera cargo del gobierno de la Universidad y procediera a elegir un nuevo rector y a integrar un nuevo Consejo Constituyente. El rector así nombrado y el Consejo se dedicaría a estudiar y aprobar la reforma integral de la Universidad.

La Junta de Avenimiento estuvo integrada por los ex rectores Manuel Gómez Morín, Fernando Ocaranza, Gustavo Baz, Ignacio García Téllez, Luis Chico Goerne, y Mario de la Cueva. El 31 de agosto la Junta de Avenimiento nombró rector provisional el doctor Alfonso Caso Andrade y antes de concluir sus trabajos expidió unas bases para la elección del Consejo Universitario Constituyente, para integrar un Patronato que administrara el patrimonio universitario y para facultar al rector provisional para que pudiera designar a los directores de las escuelas y facultades que estaban vacantes. El Consejo Universitario Constituyente quedó formalmente instalado el 23 de octubre de 1944 y sesionó durante dos meses, al término de los cuales aprobó el proyecto de Ley Orgánica que el rector Alfonso Caso envió al presidente de la República para que siguiera los trámites pertinentes para su debida aprobación y para su promulgación. Finalmente, la Ley Orgánica de la UNAM hasta ahora vigente fue publicada el 6 de enero de 1945 y el Estatuto General de la Universidad fue aprobado durante los primeros meses de ese año. Concluida su misión, el rector Alfonso Caso renunció el 24 de marzo de 1945.

La Ley Orgánica de 1945 representó un viraje fundamental respecto a las dos leyes anteriores, por la creación de la Junta de Gobierno y del Patronato Universitario, autoridades que vinieron a equilibrar la estructura de gobierno de la Universidad. La idea de la Junta de Gobierno estaba en el aire desde agosto de 1944, cuando se hablaba ya de la necesidad de eliminar la polarización que surgía en las escuelas y facultades con motivo de las designaciones de directores y al seno del propio Consejo Universitario cuando correspondía elegir rector. No faltaron quienes consideraron el nuevo procedimiento de designación de autoridades a cargo de la Junta de Gobierno (directores de Facultades, Escuelas e Institutos a partir de ternas presentadas por el rector) como un retroceso democrático, pero en los trabajos del Consejo Constituyente prevaleció el criterio de buscar una forma que redujera hasta donde fuera posible la politización de estos procedimientos.

Después de que entró en vigor la Ley Orgánica de 1945, la Universidad entró en un periodo de estabilidad y crecimiento que se consolidó con la inauguración de la Ciudad Universitaria en 1952. A partir de entonces, el crecimiento de su matrícula respondió a un aumento acelerado de la demanda de estudios superiores y contó con el aval (y en ocasiones con la presión) del Estado para ampliar la capacidad de la UNAM.

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